El Vinculo


clock_time2014-02-13 20:25:16 clock_timePedagogía en la clase


 

  En los primeros años el vínculo está dado, después hay que construirlo individualmente con cada uno de los niños. Muchos padres temen hablar con sus hijos honesta y transparentemente por temor a perder la autoridad, algunos creen que esto puede confundir a los niños y hacerlos creer que sus padres son sus amigos y no sus padres, pero una cosa no quita la otra, si somos claros. Si la autoridad y el respeto se siguen cultivando con claridad, no hay porque tener dichos temores, los jóvenes en la adolescencia necesitan poder hablar con algún adulto y poder confiar en él, sin temor a ser castigado, necesitan un confidente que por sobre todo los escuche y ojalá los entienda, y para llegar a esto hay que comenzar entablando estos espacio de conversación desde que son pequeños.  Obviamente el lenguaje y los temas de los que se hablan deben ser correspondientes a cada edad y deben ir creciendo con esta. Para mí hay ciertas cosas que son claves frente a este tipo de conversaciones. Uno es el adulto, uno es como  “el guardián del encuentro”  y debe acompañar, cuidar, respetar y propiciar el encuentro. Lo primero que hay que tener en cuenta es poder generar un lugar  y un espacio adecuado, con privacidad, con tiempo, la idea es que el niño/a o joven  hablen por su propia cuenta y esto sucede una vez que encuentran el lugar y la persona adecuada, no hay que hacer preguntas, la conversación se va dando si hay un espacio de intimidad y respeto. (Es muy importante para los padres que tienen varios hijos, poder sacar o estar por lo menos una vez a la semana con cada niño/a o joven en un espacio en el que puedan hablar libremente, a solas, es como un ritual, a veces sirve hasta ir al supermercado o simplemente salir a caminar o a comerse un helado. 

Poder hablar de nosotros mismos con transparencia, de lo que nos pasa o de lo que nos gustaba o temíamos cuando éramos chicos es la primera puerta de entrada, los niños o adolescentes logran abrir su alma cuando el adulto también la abre sincera y transparentemente. Y NO preguntar, el hablar debería surgir espontaneamente que no se vuelva como un interrogatorio, porque se pierde ese encuentro del que estoy hablando.   ESCUCHAR, es lo más importante del encuentro,  pero escuchar en silencio, y con silencio me refiero a que tenemos que parar nuestra conversación interna mientras escuchamos, parar los juicios y prejuicios mentales,  parar de creer saber lo que el otro está diciendo antes de que termine. ESCUCHAR como quien recibe algo por primera vez, sin apurar, sin opinar, sin enjuiciar sin hacer autoreferencias que no permitan al otro hablar.   Después de esto creo que es muy importante No dar ningún tipo de consejo ni opinión a menos que el niño o joven lo pida, muchas veces lo único que necesitan es ser escuchados y ellos mismos expresar sus opiniones o posibles soluciones frente a algo. Y NO es este el momento de regañar o retar al niño o joven por lo que nos contó, aunque haya sido algo muy malo, porque en ese momento él sólo necesita expresarse y ser escuchado  y no sabe muy bien que hacer, si tú te pones a retarlo, pierdes la comunicación y la comunicación en ese momento es más importante, porque con la conversación él mismo, seguro, ya se siente mal y no sabe como enmendar lo ocurrido pero al hablar contigo puede encontrar alguna luz y además sentir que puede hablar contigo y que tu eres incondicional, eres un apoyo, un cobijo, alguien en quien puede confiar y lo más seguro alguien que le ayudará a encontrar alguna solución si es que lo necesita.  

 

También ES muy importante NO MENOSPRECIAR ni minimizar lo que los niños o jóvenes sienten. Algo que para nosotros puede ser insignificante o absurdo, para ellos puede ser algo terrible o muy importante  y  NO debemos tratar de convencerlos  de que lo que siente no importa, porque es él o ella quien lo siente así y por lo tanto es algo terrible o importante, recordemos cuando teníamos su edad, las cosas que nos importaban o avergonzaban y vamos a poder comprenderlos mejor. Para los niños o jóvenes  no hay nada más terrible que sentirse incomprendidos en el mundo y mucho peor ridiculizados. Hay que tener mucho CUIDADO con esto, desgarrar el alma de un niño es muy fácil, basta con una mirada y un comentario inapropiado y lo herimos profundamente.   Hay que estar muy atento al niño o joven y preguntarle qué necesita, que le gustaría, como lo puedo ayudar y cerrar la conversación en el momento adecuado, quizás con palabras de apoyo o de ver los pasos que se seguirán dando o con un simple, te comprendo y te acompaño, yo estoy ahí a tu lado cuando lo necesites, pero sin meloserías ni palabras cliché, todo tiene que salir desde el alma y se dice sólo lo que se siente de corazón. Al cerrar la conversación hay que continuar con la vida. Y con continuar con la vida me refiero a que el espacio de conversar de alma a alma es un momento que se abre y se cierra, por eso es importante, tener claro que  es un momento en el que somos confidentes, pero al cerrar la conversación,  seguimos con nuestro rol de padres o maestros. Esa conversación queda entre los dos y no hay porque estarla contando por ahí, porque perdería ese espacio de confidencialidad. 

Habrá épocas en la que se dé más frecuentemente que otras, pero es algo tan mágico, que no se puede predecir, hay que estar muy atento y no perder la oportunidad cuando se da, de lo contrario el alma del niño se cierra y después es muy difícil volverla a abrir.   También es muy importante generar un espacio de conversación DESPUES de un enojo, reto o discusión,  pero ambos deben estar dispuestos a hablar y no para seguir retando, sino  para mirar que pasó, con las cabezas más frías y con los ánimos más tranquilos, y allí también hay que escuchar a los niños o jóvenes, muchas veces ellos tienen la razón y somos nosotros los que nos equivocamos y hay que aprender a aceptar humildemente nuestros errores, así aprenden ellos a aceptar los suyos también cuando les corresponde. Si podemos lograr estos espacios de conversación con nuestros hijos, por lo menos una vez a la semana o dos veces al mes,  antes de los 10 años, vamos generar un espacio que de otro modo es muy difícil de lograr después de los 12 años. Y es un gran regalo para la adolescencia.  

Con mis alumnos yo buscaba un momento para hablar con cada uno, cuando veía que algo andaba mal o que tenían problemas con algún compañero, o que se estaba portando mal. Hablar individualmente es muy importante, ahí te conectas de alma a alma.   También generaba muchos espacios de conversaciones grupales. Allí las reglas eran más o menos las mismas.   Cada uno habla mientras los otros escuchan, sin opinar, ni discutir, ni burlarse, si no está de acuerdo con lo que el otro está diciendo, tiene que esperar a que se termine la ronda para que todos hayan podido hablar y ahí si puede refutar, pero siempre se habla de a uno a la vez y pidiendo la palabra, con mucho respeto. En el caso en que se dé una conversación grupal por que los jóvenes están disconformes con algo de uno como profesor, es muy importante , primero escucharlos a todos, y uno no decir, ni hacer nada hasta que ellos lo hayan dicho todo, es muy difícil este ejercicio, pero si uno se pone a justificar o a decirles que no tienen nada de razón, se pierde la oportunidad de escuchar lo que ellos tienen para decir, ellos son muy inteligentes y sabios, a mi me dijeron cosas muy importantes en este tipo de conversaciones y muchas veces les tuve que decir “ Yo no me había dado cuenta de esto, voy a estar atenta para tratar de mejorar”  Y esto no me quitaba  autoridad, porque mi autoridad siempre fue muy clara.   Bueno espero que esto pueda servir un poco para padres y maestros. Es algo que me hubiera gustado tener mucho más claro hace algunos años,  para poder fomentarlo más con los padres y madres de mis alumnos.